El restaurante gallego Ponteareas celebra su 30 aniversario con una reforma del espacio y novedades en una carta diseñada por Manuel Núñez y que mantiene sus clásicos de siempre.

08/03/2013

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Nada más traspasar la puerta se pisa territorio galaico. Atrás queda una decoración anclada en el pasado y bienvenido sea el nuevo diseño, aunque eso sí: la esencia gallega, los productos, modos y maneras han quedado intactos. Y de eso se trataba principalmente, ya que Ponteareas es desde su fundación en 1982 uno de los más reputados santuarios gallegos en Madrid.

El arquitecto Agustín Granell ha ampliado la zona de barra, antes mínima, y ha instalado unas mesas altas perfectas para desayunar, tomar un aperitivo, hacer un almuerzo rápido o tomar una copa.

Un cambio radical que también afecta al comedor. Después de recorrer el pasillo con un moderno y minimalista vivero se llega a la luminosa sala, prácticamente irreconocible, ahora con grandes ventanales que dan a un agradable jardín.

Las novedades incluyen también una transformación de la carta pergeñada por el chef Manuel Núñez, aunque siempre dentro de territorios galaicos, algo por lo que siempre se ha caracterizado el Grupo Portonovo. Raxo ibérico (lomo de cerdo adobado con pimentón), tortilla de Betanzos (de patatas), croquetas de chipirones o el caldito de cocido son especialidades recientemente incorporadas para la barra, donde también se pueden tomar ostras de Arcade con champán, sin olvidar combinados y cócteles, idóneos para el afterwork.

Ya en el comedor, la carta también incluye platos susceptibles de ser compartidos -navajas en escabeche, un delicioso pulpo a feira, la jugosa ensaladilla rusa o la empanada gallega (atún, berberechos,?) de masa menos hojaldrada de lo habitual- y que sirven calentita. Y un salpicón de marisco absolutamente deluxe: sólo carabinero, langostino y gamba. Entre las novedades, platos de pasta marineros y guisos de pescado.

Pero las palabras mayores vienen con el marisco -bogavante, langosta, centollas, percebes, etc..- y los pescados, entre los que no faltan las angulas. Una divina merluza de Celeiro, apalabrada desde la lonja y que llevan diariamente a Ponteareas como casi todo el producto, o ese mero a la plancha que sirven con un suave y casero pisto o el taco de rape sobre habas y berberechos.

Como postres, filloas, tarta de Santiago y ahora una peculiar torrija al orujo con zumo de naranja. Más que correcta carta de vinos -el albariño La Val es de la bodega familiar-, con algunas referencias internacionales, entre las que no falta el champán. Y un impecable servicio a cargo de Manuel Alonso, toda la vida en la casa.