Los Camiones de Comida se Popularizan en París, Como Antes en Nueva York.

18/11/2012

 
 
"La Cantina", un camión que vende tacos mexicanos, "El Carrito", que ofrece empanadas argentinas y otro más consagrado a las tripas: los camiones de comida ambulantes son cada día más populares en las calles de París, arrebatando incluso galardones gastronómicos.
A diferencia de los estadounidenses, los mexicanos o los indios, los franceses no han sido muy adeptos a la comida de la calle, prefiriendo almorzar y cenar en restaurantes bien puestos, si posible en mesas con mantel.
Pero el estrés cada vez mayor de la vida cotidiana y la crisis económica han abierto la vía a la denigrada "fast food", esa comida rápida acusada de ser una de las causantes de la obesidad galopante en los países industrializados.
Sin embargo, lo que ofrecen esos camiones ambulantes está muy lejos de esa criticada comida rápida: a su cabeza están jóvenes e innovadores chefs, que proponen una comida creativa, con ingredientes de calidad.
Uno de los galardones del Fooding, un movimiento culinario que nació en Francia hace 12 años y que se ha extendido a Barcelona, Nueva York, Londres y Milán, y que celebró su gala de premios el lunes en la Escuela de Bellas Artes de París, recompensó "Le Camion qui fume" (El Camión que humea), que vende hamburguesas a 10 euros (unos 13 dólares).
La californiana Kristin Frederick, propietaria de ese camión, recuerda que cuando dijo que tenía ganas de comenzar en París un "food truck", como los que se ven en las grandes ciudades estadounidenses, todo el mundo trató de disuadirla.
"A los franceses no les gusta comer con las manos, excepto una crêpe o un pedazo de pizza o una salchicha", le decían, señalándole que la comida gastronómica francesa, que está inscrita en el patrimonio inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, ha hecho siempre gala de rituales y de buen gusto.
Y además, las autoridades francesas no van a dar nunca la autorización a un camión de comida, le advertían los amigos.
Pero ahora, la cocinera californiana de 32 años y su camión son esperados con ansiedad en calles o plazas de la margen izquierda y derecha del río Sena, por cientos de parisinos que están dispuestos a dar pruebas de paciencia para comer una de sus hamburguesas.
"Detesto hacer colas. Pero una hamburguesa de 'Le Camion qui fume' bien vale la pena", dijo Marjorie Laforgue, una joven parisina que hacía cola una tarde en la céntrica Plaza de la Madeleine.
La calidad de los ingredientes es una de las razones del éxito de estos camiones. Por ejemplo, el pan de las hamburguesas que utiliza Frederick no es industrial, sino que es fabricado artesanalmente, en una panadería.
Jordan Feilders -que en su camión "Cantine California" vende tacos de carnitas adobadas con salsa chipotle- importa la harina directamente de México, y la carne que utiliza es orgánica.
"Trato de ofrecer una comida semigastronómica, pero cocinada y servida en un camión", dice.
En París, estos camiones ambulantes no circulan libremente, sino que tienen asignadas algunas plazas o calles, en días específicos, que son anunciados en las redes sociales como Facebook y Twitter, así como en diarios gratuitos y hasta en la televisión.
A veces, no se anuncia el sitio donde se estacionará el camión, sino que se mantiene en secreto. Pero cuando aparece, empiezan a funcionar los teléfonos portátiles, y rápidamente se forma una multitud.
"Fue mi madre que vio llegar 'Le Camion qui fume' y como sabía que yo no andaba lejos, y que andaba en bicicleta, me llamó. Vine corriendo", dijo Laforgue, que se chupaba los dedos al oler la hamburguesa acompañada de cebollas caramelizadas, pero sufría de ver a unas 40 personas que esperaban antes que ella.
Al saber que el camión vende unas 150 hamburguesas por servicio, Laforgue respiró aliviada. "Dicen que París bien vale una misa. Pues una hamburguesa de estas también vale una espera", aseguró.