Marketing Turístico-Gastronómico, Por Roc Gregori.

05/08/2012

 
Los británicos en general -y los ingleses en particular- ¡me dan una envidia! Es que son auténticos maestros en la utilización de sus símbolos identidarios. Primero los definen adecuadamente, a continuación los aceptan y hacen suyos, luego los prestigian y dotan de atractivos para acabar difundiéndolos, defendiéndolos y -si pueden- imponiéndolos. Pero esto, con ser ya mucho -sobre todo desde la perspectiva de un español-, no es lo más sorprendente; lo que yo considero como una muestra indiscutible de inteligencia colectiva es que, finalmente, acaban utilizándolos con fines comerciales. Ya sé que no son ellos los únicos que saben hacer esto, que también hay otros pueblos que se lo curran muy bien y no veo ahora la necesidad de establecer el ranking del chovinismo inteligente pero, de hacerlo, el último puesto contaría con un candidato imbatible: los españoles. Y en reñida pugna nosotros, los alicantinos, pelearíamos por conducir el coche escoba de la competición.
De verdad, me asombra el partido que le sacan a sus símbolos y a sus señas de identidad estos británicos. No hay más que ver cómo nos colocan su bandera y cómo nos la venden plasmada en cualquier tipo de artilugio, en prendas de vestir e, incluso, aplicada en la ropa interior más íntima. Y todo con la mayor dignidad y respeto (observen si no cómo lo hacen en los juegos olímpicos). Pero, no solo se trata de sus banderas, están también los horarios, las tradiciones, los deportes y todo lo que transmite mensajes positivos sobre su "way of life" (su modo de vida). Igualito que nosotros.
Y no crean que pretendo impulsar el uso de la bandera española como "logo" comercial y como imagen de calidad de nuestros productos -faltaría más- ya que, seguramente, tal intento resultaría fallido al ser cualificado inmediatamente como "cosa de fachas" y yo no quiero que se me tilde como tal. Lo mío va más a ras de tierra, es mucho menos sublime; lo mío va de saber comercializar, es decir, vender, nuestras potencialidades y nuestros productos que gozan de reconocimiento contrastado. Pero tampoco crean que me voy a referir a toda la amplitud de creaciones españolas, no me atrevo a tanto. Yo, modestamente, suelo centrar mis reflexiones solo sobre cuestiones relacionadas con el sector turístico, por lo que voy a expresar mis consideraciones sobre la manera en que utilizamos un recurso que posee esta provincia y al que todavía no le hemos aplicado -digamos- la "fórmula británica" para extraerle todas sus potencialidades de atracción turística: la gastronomía provincial.
A veces, es de lo más creativo practicar un poco de "benchmarking", o sea asomarse por ahí a ver qué hacen otros por si nos es de aplicación. Sí, copiar. El secreto radica en saber quedarse con lo bueno y evitar reproducir lo que no lo es. También puede ser rentable inspirarse en lo que hacen los demás (esos a los que generalmente conocemos como "la competencia") para desarrollar una serie de adaptaciones y sacar buen provecho del resultado. O sea, copiar bien. Y eso es lo que ha producido mi inspiración para sacar mejor provecho de nuestra gastronomía con fines turísticos. He ojeado un programa llevado a cabo en Girona que consistía en ofrecer alojamiento + cena por un increíble precio cuyas reservas se agotaron a los 15 minutos de aparecer en las redes sociales. Una "jointventure" entre hoteleros y restauradores en la que ponían un número de plazas (1.000, según me parece recordar) al precio ridículo de 10?. El objetivo -está claro que no perseguían recaudar- era conseguir notoriedad, darse a conocer aprovechando los huecos de temporada baja. Me parece una idea muy bien perfilada porque al incluir el alojamiento está claro que no se trataba de impactar en un público objetivo local sino foráneo, o sea se dirigía a incrementar el número de turistas haciéndoles pernoctar un mínimo de una noche.
Pues bien, ¿no podríamos nosotros adaptar la idea a nuestras circunstancias sectoriales? ¿Cuál es nuestro panorama? Veamos. Los restaurantes de la provincia de Alicante pasan por un momento dulce por su calidad y reconocimiento. Se han hecho muchas cosas y bien para incrementar su prestigio, empezando por los empresarios y cocineros así como sus asociaciones (entre la que habría que destacar a "Cuina i Tertulia"). Han dedicado su decisivo apoyo financiero las instituciones públicas en la organización y en la difusión de eventos de extraordinario nivel (destacando la Diputación Provincial que no ha regateado presupuestos al efecto). En un sinfín de municipios se organizan jornadas gastronómicas, que todas concluyen con notable éxito. Tenemos expertos y prestigiosos críticos dedicados a la difusión con gran impacto mediático. El mejor pastelero de España. Alguna de las figuras de la cocina nacional y varias promesas de futuro. Y quiero citar expresamente a nuestro ramillete de cocineras estelares (permítanme los demás esta debilidad): Susi Díaz, Mª José Sanromán y Mª Carmen Vélez que constituyen un ejemplo de profesionalidad y poseen sobrado encanto personal para enamorar a cualquiera. Los máximos prescriptores no dejan de alabar el nivel alcanzado por esta provincia. Entonces, me dirán, ¿de qué te quejas? Pues de que nos falta la aplicación de la "fórmula británica" para comercializar tan alto prestigio conseguido. Creo que no deberíamos conformarnos con que la gastronomía constituya un complemento turístico o un disfrute para los locales. Creo que un recurso tan poderoso y bien posicionado debería optar a ser una oferta turística básica. Es decir, debería servir para atraer sus propios turistas en lugar de conformarse con servir de complemento para los que ya vienen. Prestigiamos y represtigiamos nuestra gastronomía pero no la vendemos como merecería. Quizá sea la hora de vender, de hacer marketing turístico-gastronómico, de aprovechar el momento. No sea cosa que se nos pase el arroz.