Réquiem por una cocinera

28/01/2011
La pérdida de Aurora Sánchez García, de Casa Lola de Pajomal

 

Recientemente nos ha dejado Aurora Sánchez García, cocinera y alma máter de Casa Lola en el caserío langreano de Pajomal. Durante décadas Aurora trabajó sin desmayo en el gratificante y duro oficio de entre fogones, laborando con la compañía de perolas, ollas, sartenes, cuchillos, potas y los estupendos ingredientes de la casa matriz, donde no faltaba la auténtica cocina de carbón. En ese acto profesional, esta mujer hacendosa y cargada de ánimo y amor por lo bien hecho desarrolló una ingente acción en la defensa de los productos ecológicos arrancados en el llar familiar. Toda una avanzada en ese tipo de comida que ahora goza de prestigio internacional. En su pequeño comedor ofertaba lo mejor de sí misma con el apoyo fundamental de su hija Mari. Una cocina de autora bien marcada por la concienzuda elaboración. Sopa de pichón -qué original- fabada de altura y su correspondiente compango, guiso de pitu de caleya y los sabrosos dulces englobados en el arroz con leche y el flan de huevo doméstico. Decir que los vinos Rioja crianza cumplían perfectamente con el menú, el pan de la casa y el agua, todo un detalle, procedía de la fuente próxima al local. Todo muy bien ensamblado para que el cliente animado disfrutara del placer de la mesa y mantel.

En mis visitas por Casa Lola, tengo que reconocer que siempre resultaron satisfactorias. Buen género, óptima acogida y mucha familiaridad, realidades que responden con el sentir y la idiosincrasia de Aurora y familia. La máter familias, que tan bien realzó esa comida tan nuestra, se marchó a la otra orilla en silencio y sabiendo que su trabajo en el amor por la culinaria no fue en balde. Su estilo en la cocina y su manera de entender la hostelería rural son ya un clásico. Muchas generaciones de aficionados/as al bien comer de toda Asturias pasaron por ese santuario sencillo y discreto, pero grande y valedor en la esencia cocinera. Aurora, se lo comentaba a mi amigo Horacio Estepa, significó la querencia por los valores culinarios y el esfuerzo en la doméstica sede de Pajomal; su recetario ya forma parte de los anales langreanos y del Valle del Nalón. Y pienso que lo mismo que se hacen homenajes, se rinden tributo y loas y se abren calles a políticos y demás profesionales de talento, reivindico la figura de Aurora como hacedora de inolvidables recetas y cocinera de postín. Un detalle popular, a modo de escultura callejera, sería el agradecimiento y ese reconocer verdadero a quien ofertó durante años cocina práctica y sabrosa, al tiempo que hizo felices a miles de comensales? ¿Eso no es también historia y realidad social ? Pues eso.

La matriarca -toda una guisandera de altos vuelos- abandonó este mundo con todo un recetario oculto y envuelto en sapiencia y técnica coquinarias. Espero que su hija Mari transmita esas lecciones didácticas y agradecidas para formar un práctico ejemplar que oriente a los nuevos valores de la cocina actual y a los amantes de los fogones. Aurora distinguida con varios premios por su afán creativo y defensora de lo tradicional ha significado un ejemplo de casta y sencillez en el terreno de las recetas asturianas. Convirtió su casa en un reducto de encuentro, sabor y compañía, y eso no tiene precio. Hoy todo es recuerdo hacia esa buena señora que vivió por y para la cocina. Horas y horas embutida en su rincón cocinero y alquimista para satisfacer con el halo de lo doméstico y profesional su menú estrella, han dado respuesta a lo que ha sido Aurora. Una mujer fuerte, trabajadora y preñada de razón positiva. Su menú, me consta, ya es una notable aportación a la gastronomía asturiana y muchos cocineros de reconocido prestigio ya lo utilizan en sus cartas de temporada. Lo bueno se imita y lo vulgar se rechaza? Hoy el réquiem -composición musical de difuntos- va por esa cocinera que con su carácter y su empeño hogareño alimentó conciencias y reconfortó estómagos. San Pedro, patrono felguerino, a buen seguro que la recibió con los brazos abiertos en ese lugar glorioso, lejano y etéreo donde la felicidad, posiblemente, está enganchada a los placeres del buen yantar divino. Quizás.

                                                                                                               Carlos Cuesta, La Nueva España