Castilla-La Mancha, ¿"Los Mejores Vinos del Mundo"?

04/09/2012

 FERNANDO POINT

¿Pueden los vinos de Castilla-La Mancha convertirse en "los mejores del mundo"? Es el objetivo que persigue la presidenta de la región y secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, con la convocatoria, anunciada el 6 de septiembre, de una "cumbre sobre el vino de Castilla-La Mancha, de repercusión nacional e internacional". En la cumbre se tratará "de forma integral el mejor futuro del vino de Castilla-La Mancha" y se situará "a nuestros caldos a la vanguardia de la innovación y de la comercialización porque a la vanguardia de la calidad ya estamos".
Durante su intervención en el debate del estado de la región, Cospedal ha explicado que esta iniciativa "tendrá coste cero" para la Administración, ya que solicitará la colaboración de las entidades financieras de la región vinculadas al ámbito rural y de todo el sector vitivinícola. Ha manifestado su deseo de "contar con el apoyo de los viticultores, de las cooperativas y las Denominaciones de Origen, con embajadores de todas las partes del mundo donde se exporta o esperamos exportar nuestros caldos, con el sector hostelero, con empresarios, bodegueros, con la prensa, los profesionales del marketing y con el sector médico para explicar las bondades del vino, beneficioso para la salud consumido moderadamente, como base de la dieta mediterránea".
Según una nota oficial de la Junta de Comunidades, Cospedal ha asegurado que "no es necesario crear fundaciones e instituciones a las que han ido a parar el dinero de los viticultores que no han visto devuelto ese dinero en la mejora para comercializar sus productos y para que el vino de Castilla-La Mancha esté donde tiene que estar: en todo el mundo". No explica la nota la diferencia entre esas caras fundaciones –se refiere a la denostada Fundación Tierra de Viñedos creada por la anterior administración socialista– y la "colaboración" de "todo el sector vitivinícola" que ahora se solicita...
No es que sea la única aparente contradicción en las palabras de la presidenta, que proclama que sus vinos están ya "a la vanguardia de la calidad" pero que necesita una tremenda cumbre para que lleguen a "mejores del mundo". En fin: pelillos a la mar de la hipérbole política, que no es aquí lo más importante. Los que sí pueden interesar son la reevaluación y el posible relanzamiento de los vinos de Castilla-La Mancha.
Los propósitos de Cospedal, bienintencionados pero no muy precisos, nos recuerdan mucho lo que la hoy presidenta nos decía ya hace años, en una entrevista en la radio. Era evidente que el vino le importaba porque es una actividad económica importante en su región, pero que no era una genuina especialista del asunto.
Ha tenido tiempo para mejorar desde entonces, pero como esas ambiciones de "mejores del mundo" nos dan la impresión de que no del todo, este cronista ha acudido a una fuente de primerísima mano para trazar un bosquejo de la situación y el futuro: el bodeguero que ha recibido para uno de sus vinos la más alta nota, 96 puntos, jamás concedida por el 'gurú' Robert Parker a un producto de Castilla-La Mancha. Es decir: a quien más cerca ha estado nunca en la región de hacer el "mejor vino del mundo". A partir de aquí, las palabras de este bodeguero, que por discreción ha pedido permanecer en el anonimato.
Castilla-La Mancha es la mayor región vitícola del mundo y la que produce la mitad del vino de España. Pero es también la última región por consumo de vino 'per cápita' en nuestro país, y la gran mayoría de lo que produce jamás es embotellado, al menos dentro de la región: se va en camión cisterna camino de las alcoholeras o hacia un puerto, para sumarse al océano de exportaciones españolas a granel, que acabarán generalmente embotelladas en Hungría o en China. Así que sí que parece haber problemas ciertos problemas cualitativos. Ni los castellano-manchegos beben sus propios vinos.

Al cabo de tantos siglos de competencia en el mercado mundial la jerarquía no se puede desdeñar y, más allá de una expresión política, lo de "mejores del mundo" no es una verdadera opción para Castilla-La Mancha. Posee buenas condiciones, pero no inmejorables, para producir vino de calidad, además de la pura extensión geográfica: suelos pobres y calizos, clima seco y cálido que suele asegurar una uva sana. Pero esa sequía y ese calor son a menudo extremos (y más estos últimos años), y no permiten cultivar más que castas muy resistentes como la airén, que apenas si ha dado algunos vinos de calidad gracias al talento de un Gonzalo Rodríguez, un Samuel Cano o un Fabio Bartolomei pero que casi siempre acaba destilada en alcohol. El riego por goteo, minoritario, no permite vencer del todo esas carencias.
Por otra parte, los cambios de orientación y de microclima necesarios para fomentar la personalidad y la complejidad de los vinos verdaderamente grandes exigen viñedos de ladera y montaña, no las grandes llanuras manchegas, que son minoritarios en la región: sobre todo, en zonas periféricas que tocan las sierras que la rodean, como son Méntrida, Manchuela, Almansa o la Jumilla castellana.
Así que buenas condiciones, pero pongamos los pies en el suelo.
Por otra parte, las políticas vitivinícolas de la región han estado siempre dominadas por los grandes productores masivos, privados y sobre todo cooperativas cuyo objetivo es social –asegurar ingresos para los viticultores- y no comercial. Además, una bodega con 25 o 50 millones de litros de producción nunca puede producir una gran calidad. Y muy pocas de las cooperativas existentes lo intentan de verdad.
Deseemos que a partir de ahora dos políticas claramente diferenciadas se desarrollen: una, la de dirigir a todas las macro-bodegas a producir muy buenos vinos dentro del segmento 'vinos de supermercado' que compitan de verdad con los chilenos o australianos en todo el mundo; otra, mucho menos intervencionista, que reconozca a esa minoría de productores, mucho más pequeños, que sí pueden hacer vinos de primera fila (aunque no "los mejores del mundo"), muy individuales y hasta artesanos, en vez de maltratarla o incluso perseguirla con saña como hizo la administración Barreda.
Cuantitativamente, los Ercavio o Vallegarcía significan poco, pero para servir de 'locomotora' al grueso de la producción regional y dorar su inexistente blasón ante los medios informativos, los sumilleres y los aficionados de los grandes países consumidores, su valor es incalculable.
¡Ah! Y un consejo, presidenta: si quiere entrar en la modernidad de los vinos, no los llame más "caldos", por favor. Muchas gracias.