A Marirchalar le entran las Prisas en el Restaurante

18/10/2012

L. Fernández. El Confidencial.com
Lunes 15 de octubre. Tres de la tarde. Jaime de Marichalar se dispone a disfrutar de un suculento almuerzo junto a algunos empresarios y amigos en uno de los restaurantes más exclusivos del norte de Madrid. El menú que van a degustar en La Máquina, local ubicado en La Plaza de la Moraleja, en el que suelen fraguarse grandes negocios, se compone de carnes y mariscos en abundancia, principalmente solomillo, cigalas y gambas.
El exduque de Lugo se muestra en todo momento relajado y cordial. El entorno le es propicio: se trata de un lujoso restaurante, frecuentado por gente VIP, y que dispone de una terraza de 300 metros cuadrados desde la que se vislumbra un pinar centenario de la época de Carlos III. Entre los comensales se encuentra el dueño de un centro comercial que se abrirá próximamente en La Moraleja.
Tras la comida, al exyerno real le entra la prisa, tanta que se olvida de hacerse cargo de la factura. La cuenta asciende a la nada desdeñable cifra de 700 euros que uno de sus acompañantes tiene a bien abonar, mientras un despistado Marichalar abandona el local.
La lujosa vida del exduque
Lo cierto es que en los últimos tiempos, el exmarido de la infanta Elena, quien al parecer no es la primera vez que tiene este tipo de lapsus con las facturas de mesa, ha evidenciado un cierto nivel de vida que no deja indiferente a nadie. De hecho, es frecuente ver a Jaime de Marichalar no sólo en restaurantes de moda de Madridcomo el Ten con Ten o el elitista Horcher, sino también de compras por la Milla de Oro madrileña, concretamente por la calle Serrano de la capital, de cuyas exclusivas tiendas suele salir cargado con bolsas.
Muy cerca de esta calle que tanto frecuenta se encuentra precisamente una de sus boutiques preferidas. Se trata de Etro, una lujosa firma italiana en la que suele adquirir trajes y camisas de exclusivos y clásicos diseños.
Los paparazzi que le siguen viven sorprendidos del extenso periodo de ocio del que disfruta el exduque, dedicado en su mayor parte a las comidas de grupo y a las compras, a pesar de ser consejero de Loewe