Potaje de Vigilia

Platos con y sin Vigilia

22/04/2011

El pescado, los asados, las torrijas y los huevos de Pascua están en todos los hogares

Son muchas las familias que durante estos días de Semana Santa se reúnen después de varios meses. Unas celebraciones familiares que no se producían desde las anteriores navidades. Por eso, durante estos días en muchas casas se elaboran suculentos platos que se degustan en la mesa.
Platos en los que dependiendo del día del Triduo Pascual prima la carne o el pescado ya que siguiendo la tradición religiosa, los creyentes deben abstenerse de comer carne y reemplazarla por cualquier otro alimento. De esta manera, el Viernes Santo, en muchos hogares se come pescado, cocinado de muy diferentes maneras: al horno, en salsa o simplemente frito.
La verdura, la pasta y las sopas castellanas, los productos de temporada, como algunos tipos de setas, también cobran protagonismo estos días. Y por supuesto, el potaje de vigilia. Un plato que contiene un aporte proteínico importante gracias al principal ingrediente que se utiliza: el bacalao. Y es que este pescado es uno de los grandes protagonistas de la Semana Santa ya que también se puede encontrar en otras recetas muy variopintas, como croquetas, tortilla o buñuelos.
La vigilia también potencia la imaginación de los cocineros para demostrar que la cocina de Cuaresma puede ofrecer suculentos platos, como las recién finalizadas jornadas en el Hotel Los Arcos, con platos tan elaborados como capuchones rellenos de verduras, ensalada de canónigos con queso de cabra, frutos secos y miel o platos de pescado como una buena parrillada o chipirones rellenos en su tinta.
Hoy en día también hay muchos que no siguen la norma católica y consumen en grandes cantidades carne. En la provincia de Segovia, donde la calidad de los cochinillos y cochinillos es más que destacada, no sorprende que muchos se decanten por estos manjares. Cocinados en los restaurantes segovianos, en casas particulares o en panaderías de pueblos para luego degustarlos en familia son las opciones más frecuentadas durante estos días tan señalados.
Las torrijas
Perosin duda alguna una de las especialidades que no puede faltar en hogares y restaurantes segovianos es el postre típico de estos días: las torrijas. De origen humilde, buscaba antaño saciar pronto el hambre para evitar caer en la tentación de probar algún plato de carne.
Una teoría acerca de su origen es que nacieron a finales del siglo XV en los conventos de Andalucía para aprovechar el pan que sobraba. Su gusto y su fácil elaboración hizo que se extendiera rápidamente.
Hoy en día es deseada por todos ya que pocos se pueden resistir a este dulce tradicional que consiste en una rebanada de pan, habitualmente de varios días, empapada en leche, rebozada en huevo, y frita en una sartén con aceite. Luego, según gustos y recetas, se aromatiza con ingredientes como canela o algún licor, y se endulza con miel o azúcar. En la actualidad, también se elaboran variedades vegetarianas que sustituyen la leche de vaca por leche de soja y los huevos por harinas de garbanzo, soja u otras leguminosas.
En la provincia de Segovia, otro dulce muy típico es la rosquilla de Pascua. Antiguamente, la regalan los abuelos a sus nietos, un obsequio que se solía dar sobre todo por la zona de Mozoncillo y Carbonero. «Te lo digo en primera persona porque a mi, mi abuela, no se le olvidaba hacerlo», explica el presidente de la Asociación de Pasteleros de Segovia, Jesús Manso.
Estas rosquillas, de gran tamaño, son muy laboriosas. Para su preparación, lo primero que hay que hacer es la masa, para después formarlas y dejarlas reposar durante un día. Una vez pasado este tiempo hay que cocerlas y esperar a que se enfríen para darlas un baño especial de azúcar blanco.
En una pastelería segoviana pueden producirse hasta sesenta docenas de este tipo de rosquillas cuyo secreto, en buena parte reside, en la paciencia y en «unos buenos ingredientes», donde no falta ni el huevo ni la harina.
                                                                                                                Elena Rubio, El Norte de Castilla