“VIAJES POR LOS LAGARES RUPESTRES DE GALICIA. LAS PIEDRAS QUE HACÍAN VINO”

05/04/2017

 El sumiller y presidente de la Asociación Gallega de Sumilleres Gallaecia, Luis Paadín, y su hijo Alejandro Paadín, también sumiller, han presentado esta tarde en la Delegación de la Xunta de Galicia en Madrid/Casa de Galicia la exposición de fotografías “Viaje por los lagares rupestres de Galicia. La piedras que hacían vino”, que estará abierta al público hasta el próximo día 23, y el libro del mismo título del que son coautores padre e hijo y que contiene, entre otras, las imágenes expuestas, seleccionadas de entre los más de setenta lagares rupestres catalogados. El acto tiene vinculación con el que se celebrará mañana en la Casa, en el que cobrará especial protagonismo un reconocimiento internacional a la labor de sus protagonistas que pone a Galicia en los primeros puestos mundiales de la vitivinicultura a través de la Guía de Vinos, Destilados y Bodegas de Galicia.

 

En la presentación de la exposición y el libro intervinieron Luis y Alejandro Paadín y, en nombre del delegado de la Xunta en Madrid, José Ramón Ónega López, el coordinador de Actividades Culturales de la Casa, Ramón Jiménez, quien se refirió a estos restos arqueológicos, como “la prueba fehaciente de la tradición milenaria de la elaboración de vino en Galicia”. “Son, así mismo, la ´documentación´ de las gentes que habitaron esos territorios. Ellos, su entorno y sus topónimos, nos hablan de cómo eran y vivían nuestros ancestros”, apreció, valorando que, además, constituyen “un referente de la actividad económica, cultural y de ordenación geopolítica”.

 

Según explicaron Luis y Alejandro Paadín, estos lagares rupestres son las bases de las prensas excavadas en el duro granito, lo que ha permitido que se hayan conservado durante tanto tiempo a pesar de la erosión y el uso, para el aplastado de la uva u otros frutos, como la aceituna y la zarzamora, y demuestran que Galicia tiene una tradición vitivinícola de las más antiguas del mundo, un patrimonio olvidado que están dando a conocer, porque sin bien ellos, y el equipo con el que han trabajado, no los han creado sí los han recuperado y puesto en valor. Están localizados, fundamentalmente, en el sur de la provincia de Ourense y se hallan situados próximos a castros o villas romanas y en zonas vitivinícolas actuales.

 

Luis Paadín explicó que es difícil ponerle fecha a estos lagares porque faltan estudios pero apreció que por sus estructuras y entornos y comparados con los de Portugal, varios “se podrían situar al final de la Edad del Bronce” y otros “en la Edad de Hierro o en la época romana”. “En La Rioja se usan como reclamo turístico”, señaló Paadín, indicando también que estos son muy posteriores a los gallegos.

 

Uno de ellos, localizado en Monterrei, que quedó a la vista tras un incendio forestal, resultó ser un lagar importante porque muestra cómo las primeras estructuras, en las que se conseguía vino blanco o clarete, se adaptaron para la elaboración de vino tinto, que precisa fermentar en un espacio cerrado.

 

Los lagares rupestres de Galicia son circulares, ovoides, y los más abundantes son de forma rectangulares. Están provistos de numerosos rebajes, canales, piscinas, etc. El más pequeño y aparentemente de uso más sencillo ocupa un área aproximada de 1,50 m2, y el más grande y sofisticado abarca una superficie que llega hasta los 40 m2. El mayor desnivel entre la zona de prensado y de recogida de líquidos es de 1 m.

 

“Las bodegas son prácticamente iguales en todo el mundo, pero pocas zonas vitivinícolas poseen un testimonio tan fiel de su tradición. Estos lagares, seguramente coetáneos de la originaria Torre de Hércules, de las Murallas de Lugo y con más de mil años de antigüedad que la Catedral de Santiago, no se merecen terminar como muros de contención o en este ignominioso olvido”, valoró Luis Paadín.