Bravo por Fran Martínez, uno de los jóvenes con más presente y futuro del panorama gastronómico español. Un valor al alza para la renovación generacional que requiere la cocina española si no quiere terminar arteriosclerótica....
El Suquet de Castaños 16

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- Ensalada de lentejas, naranja y bacalao

- Fideos negros con calamarcitos
- Sopa de ajo con chorizo garrapiñado
- Foie gras macerado en sal con salsa de manzana
- Arroz con calabaza y finas hierbas

- Bacalao a 65º con verduras, brotes y algas

- Chocolate en texturas
En una de las calles peatonales más bulliciosas de la ciudad, a dos pasos de Nou Manolín y la coctelería Nic, se encuentra este coqueto gastrobar, que dispone tanto de barra como de restaurante, en dos alturas. Se puede picar y se puede comer a la carta, en ambos espacios estupendamente, si bien los llenos los recibe por su menú del día, que es de una relación calidad-precio excepcional, difícilmente batible.
La cocina, de la que se ocupa un chef con sensibilidad, Salvador Hernández, proyecta sabores siempre delicados, mostrando buenas hechuras, tanto conceptuales como materiales. Fórmulas esenciales con apreciable elaboración y escenificación, propias de una alta cocina mundana. También se constata producto, no sólo en el apartado de suntuosos mariscos, como es el caso de las quisquillas de Santa Pola, cocidas con suma precisión, sino también en manjares populares. Es el caso de las aceitunas verdes, ciertamente honorables, sobresalientes. Más territorio, en esta ocasión con cierta enjundia culinaria, lo encontramos en la tosta alicantina, unas selectas rebanadas de pan con un consumado alioli gratinado. Tan satisfactorio, que lo inteligente es pedir un pequeño bol, en este caso frío, que refrenda la capacitad de reproducir sabores aterciopelados, hasta en una salsa con tanto carácter. Ahítos de su majestad el alioli, aparece, como una entrada más, la ensalada de lentejas, naranja y bacalao en salazón, contraste en perfecta armonía. Apoteósico el chupito de sopa de ajo con chorizo garrapiñado; sensible y sustanciosa. También consumado, mejor, consumadísimo el foie gras macerado en sal, prácticamente crudo, que se ofrece salpicado Maldón, supernatural, al que acompaña un impecable puré de manzana y una reducción de vinagre de manzana. Rompedores los raviolis de verduras con sopita de albahaca; en verdad vegetales y aromáticos. Y después de este picoteo, toca elegir un plato, siempre un arroz (el de callos de bacalao con garbanzos pedrosillano resulta sorprendente por el contraste de texturas que brinda y el de conejo con foie gras y ñoras absolutamente convincente por consumado), en ocasiones una carne, como puede ser el rabo de ternera con espuma de patatas, o lo que sea, esta vez optamos por unos fideos negros con calamarcitos, una fideuà que conquista el paladar con palabras incontrovertibles: nobleza, profundidad y copiosidad. Claro que el bacalao a baja temperatura con verduras, brotes y algas es una magnífica concreción con toques mágicos. Y acabamos el festival con un alarde de chocolate, diferentes sabores y texturas, en todos los casos exquisitos.










