We repeated it ad nauseam: “Paco Morales’s cuisine aspires to reach the very top of gastronomy. He possesses the required palatal and intellectual talent, the requested erudition and the necessary will for it”. Regardless of the vicissitudes of the sector, related to the...
A Fuego Negro

jan@afuegonegro.com

- Aceitunas con vermú
- Salmorejo txerry sobre migas ibéricas

- Bitter, puerto y limón


- Mejillones con espuma de bechamel y corteza de cerdo

- Ventresca de bonito con espuma de soja
- Café de jamón y almendra con molleja-cookis

- Arroz con leche
Edorta Lamo, Iñigo Cojo y Amaya García trasmiten un espíritu trasgresor que llega a alterar los valores gourmets. Por tanto, a este bistrot, o se tiene una mentalidad juvenil, divertida, cómplice, o es preferible no acudir, ya que ofrece un concepto variopinto del gusto.
En general hay que optar por uno de los dos menús. En nuestra última comida salieron a escena unas divertidas aceitunas rellenas de una provocativa gelatina de vermú, presentadas en diminuta huevera, inspiradas en el tradicional aperitivo de media mañana. A continuación, apareció un plato tecnológico: una corteza crocante y frágil con forma de tomate cherry que albergaba un exultante salmorejo, todo ello dispuesto sobre unas migas de ibérico; una manera ciertamente espectacular de ver la sopa cordobesa. Se cogen las patatas suflé como base y se rellenan unas costras de patata de crema de huevo; bocaditos de tortilla. Más juego: un vasito de espuma de bitter rebosante de berberechos con una emulsión de limón. Se refrenda el estilo con una curiosísima versión del mejillón tabernario, que se lleva a la alta cocina aderezado con tomate casero, envuelto en una espuma de besamel y con una corteza de cerdo en lugar del empanado tradicional que le protege de la fritura. Los medallones de vieira intercalados con otros de apio nabo y aroma de trufa blanca muestran el ingenio de este trío de muchachos terribles. Rememoramos la muy noble y muy técnica ventresca de bonito con esponja de soja y mayonesa de piparras. Otro momento estelar: la taza de café capuchino con un platito de mollejas escamadas y jamón. Más travesuras: la suculenta hamburguesa de Wagyu, con su pan, ketchup, mayonesa de sésamo y plátano frito. Y qué decir de la leche de arroz a la vainilla con fresa y mango liofilizados. La línea no ofrece dudas.
Hay platos consagrados. Recordemos el delicado, refrescante, contrastado y bello chupito de salmorejo con brotes y flores. Recordemos el genial chicharro marinado con queso de oveja y menta en crujiente de cerezas, un pincho que han ganado varias Medallas de Oro. Recordemos el txangurro con helado de regaliz y crema de aguacate; clarividente confrontación de sabores provocativos resuelta con mágico equilibrio. Y recordemos otra fórmula magistral rebosante se sensaciones: pulpo a la parrilla con aire rojo de pimentón, Hachis Parmentier violeta y pétalos de manzana verde.











