Después de El Bulli ha sido el primer restaurante en merecer un 9,75 en Lo Mejor de la Gastronomía, calificación que en la actualidad comparte con Noma. Probablemente, por no decir seguro, El Celler de Can Roca sea el mejor restaurante del mundo. En su conjunto,...
Martín Berasategui
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- Bombones de Remolacha con Morro de Salmón Ahumado

- Ostra Gillardeau con Pepino, Frutas Ácidas, Kafir y Coco.

- Mamia de Algas con Consomé de Cigalas, Ëstas y Mejillones.

- Perlitas de Hinojo en Crudo, en Risotto y Emulsionado

- Gelatina de manzana con tubérculos salteados, crema de apio nabo, tupinambo y salsifies con helado de estos y sándwich de mostaza

- Salmonete con Cristales de Escamas Comestibles, Rabo de Ibérico y Ensalada de Algas con Frutos secos

- Sesos de Lechazo con Clorofila de Acelgas y Bombones de Queso
Martín Berasategui destila la perfección hasta convertirla en un néctar y un manjar. Cada plato atesora un esfuerzo intelectual y práctico extenuante. Platos exhaustivos que exigen una reflexión y un desarrollo práctico ímprobos. Es admirable comprobar el trabajo que hay detrás de cada fórmula y cómo se resuelve, armonizando sabores, texturas, colores, sensaciones infinitas en poética sintonía. El comensal queda una y otra vez conmovido, emocionado, vibra ante la erudición y consumación. Una obra magistral que le ha llevado a la consagración mundial y ante el que se descubren los más insignes profesionales y gourmets. Martín es un personaje admirado como contadísimos cocineros y amado probablemente como ninguno. Su restaurante es una escuela de la vida y del arte culinario en la que se han formado miles de jóvenes.
Berasategui representa la excelencia y la trayectoria, por lo siempre han de formar parte del menú ideal sus históricos: el milhojas caramelizado de anguila ahumada y foie gras; los tallarines de hinojo con sus perlitas a la manera de un risotto y su emulsión; ; la ensalada de tuétanos de verduras con mariscos; la gelatina de manzana con tubérculos salteados, crema de apio nabo, tupinambo y salsifíes, helado de éstos y sándwich de mostaza; el huevo de caserío con remolacha, ensalada líquida de hierbas y carpaccio de cocido; entre otros; y las últimas y clarividentes ideas, que en el último ejercicio han sido más y mejores que nunca, entre las que sobresalen varias articulaciones arcangélicas la ostra Gillardeau con pepino, fruta ácida, kafir y coco, un alarde de matices en torno a la manjarosidad de un producto excelso; la mamia de algas con consomé traslúcido de cigalas, estas y mejillones, bocanadas marinas pasadas por el más sutil de los refinamientos; los botones de remolacha con morro de salmón ahumado, alquimia y técnicas en perfecta sintonía; los salmonetes con cristales de escamas comestibles, rabo de cerdo ibérico y una ensalada marina de algas con frutos secos, exuberancia y exquisitez; que se vuelven a manifestar en el lenguado a la plancha con su piel tostada sobre un picadillo de ostras con algas, morro de salmón ahumado y esferificaciones de guindillas y en el pichón asado con un hueso de pasta fresca cubierto con setas, pequeños toque de crema trufada y hongos laminados. Cum Laude para el más grande plato de sesos de lechazo que jamás se haya cocinado: impregnados de pan y perejil, apenas salteados y dispuestos sobre un lecho de clorofila de acelgas y con bombones de queso. Y la tarta de chocolate y miel con helado de café irlandés, al igual que la esencia fría de albahaca y vainas con sorbete de lima y granizado de enebro y suflé de almendras con helado de miel y cumbre de frutos secos nos descubren los mejores postres de restaurante del mundo.










